HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El silencio es un animal herido entre mis manos y el sol. 
Destruí todo lo que me ataba a mí misma. Vagué sin tu recuerdo en las escaleras de la nada, con los peldaños rotos en mi boca.
Hoy me desperté, deteniéndome, en el papel que necesita mi sangre.
Escribirlo todo, otra vez. Hay demasiada información que ha quedado junto a las montañas. Procesos que no pertenecen al pensamiento y que sólo el poema puede abarcar.
Detrás de mí vuelan los cuervos sobre los huesos que tragaron el agua del río que se secó.

He comprendido porqué era demasiadas criaturas separadas de mi pecho.
Me he tirado al vacío de su unión. Y allí la muerte hilvanaba una guitarra de ojos de pez y tierra roja.
El nexo era un agujero de gusano, entre el Imposible y las garras de fuego de las gaviotas. La voluntad de Mercurio, amainando rayos, donde esa niña ensangrentada destazaba crisantemos en el beso del manantial de los muertos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario