HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El silencio, retornar de la llamada de la dinamita, a la estrategia del no-hacer.
En cada tablero, moja luna llena, un distinto trazado entre el verbo y la nada.
Saber que soy, sobre un fractal. Evitará el embargo del dualismo, de la linealidad.
Somos mariposas, somos viento enllamado, helado, aguoso.
Hay que echar adelante el caballo. Pero en el tablero de todas las dimensiones. No sé sin 4 o son 7 o son polillas y zopilotes, manga de la muerte. Nunca supe sumar cuando creí saber. Pero son siempre más de lo cree la creencia, de lo que dice la palabra. Y menos, tantas menos que multiplican en el ácaro ardor de mares.
Sino a la rechingada, nos quemaremos los bigotes en un salto mortal del paleozoico.  
No somos abarcables, porque adentro una enana blanca, remueve de los cauces, ríos de olvido y líquido amniótico.

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