HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El sol tostó mis ojos, cuando temblaban los sueños, en la remanga del carro quemado sobre los brazos de la tormenta. 
30 de mis años, al soplo de un cincel, devorándome lo depredador, en la cicatriz que la espalda perpetuó sobre los árboles, para no perder sangre estúpidamente en la civilización del mcdonald. 
Fue la locura, el refugio. Mi porque no tengo ni puta idea y sé que tú y tu mundo desde decenas de generaciones, está roto y huele a cadáver, me aferro a lo más parecido a la dignidad que es un cable cortado desde mi cerebro hacia el fuego de la luna, eclíptico, del tornado de bestias bebiendo el valle con el útero húmedo de salvia.

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