HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Empiezo de nuevo, cada sabor de la metáfora en la roca que me oye, cuando vuelta de espaldas me acuchillo de sombra que vuela y me abrisa el paso.
Los ciclos de vida-muerte-vida, siguieron un órden incendiado, desde hace 15 años. He de agotar del todo la inconclusión de aquellas moradas-cicatriz, para estar entera y hueca de sus redes, hacia el absoluto presente.
Esas aperturas del hambre que hilvanaron errores prácticos para el gozo del baile del fuego. Han de ser atajadas desde su raíz. Su lenguaje no es líneal. Es circular de múltiples capas. Hay algún agujero de gusano. Hay valle donde sales del río con cuencos de sal en el sombrero.  El reclamo de aquellos fantasmas, advierten también en múltiplos caminos, el motivo de su densidad. La lectura ha de ser igual de vértigo e incandescente que el nudo que ofreció su poema de sangre. 
Estuve muy lejos, en estados de conciencia que el pasado enterró en el secreto de una cueva. Mi incursión en esa caricia de fuego, fue violenta. Por lo tanto mi desapego de hoy, ha de ser en un barco también loco de eclipses, tumbas, desiertos y carnavales. La voluntad de la libertad, es lo  único que tengo y que necesito. 
Escribir mi mito, es mantenerme cuerda en el centro de la locura. Y no darle nada. Ni temer. 
Agotar el pasado, de su teatro viejo, lleno de quimeras y embargos. Me implica entrar en todos los abismos, jugando, con otra dirección etérea, innombrable, casi imposible. No perder ni un minuto la mirada, en la evasión de la trampa de la víscera ni de ningún mundo social que me reclame como un hecho, ni circunstancia, ni eco, ni humana. 
Salto de cigarra. Topo. Tejón. Búho dentro de los árboles.

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