HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

En la línea fragmentaria del hueso y el sapo, sólo hay un modo de que siga el diástole llevando a tu cerebro sangre, y es darse de muerte en los sobacos, sudor de brujas, colmillo de lobo, espada de cartón haciendo un exorcismo desde la vagina de la muerta al fuego que pide alimento.
Y entre dos caminos de humo que te ahorcan, cada uno debajo de tu pie, como toneladas de sierras anegándote la bipolaridad que sólo es movimiento si te conviertes  en un rayo de enana blanca deshilachando las cajas musicales del excremento primario que nutrió las hierbas desde ese sanatorio de arlequines que los cementerios entregan con amor de madre, a todos los hijos bastardos que llegamos sin pedir permiso, al fractal, meando la tierra esteril que fue líquido amniótico, cuando el vientre en el que nacimos era un muñeco de vudú, apostasiado de la plaza pública en el único cuchillo-via respiratoria afilado de estrella, cuando olía a podrido el susurro de mamá dando consuelo en lugar de metralletas.

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