HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

En nuestra psique, viven los prejuicios e infiernos...de las generaciones que vinieron antes. 
Viven, los estragos del fascismo de ahora.
En la mente no sólo está nuestro saber empírico. No sólo los cuchillos y manantiales y amores y gritos. No sólo lo perteneciente a nuestra historia. Ni a lo sabido.
Hay un radar común, que lee y digestiona, todo lo colectivo. Lo humano, y también lo de la roca, el animal y el árbol, el agua, el fuego y la tormenta. 
Hay también un imán, que agarra con soberbia, al yo. Toma todo en su reflejo, formula lo que el yo cree deseoso, necesario, vital. Ese imán justifica lo mezquino, lo cobarde, y hace de la jaula, un palacio pero que sigue asediado por barrotes.
Para ir más allá, hay que echarse al vuelo de la muerte, del Silencio volcánico. Porque la mente, como el mismo universo, contiene energias, urdimbres cuánticas, vuelos sobre la Nada, mundos que son rizomas sostenidos sobre lo inimaginable.

Nos han enseñado a esconder el inconsciente, a aprenderlo en su amputación, bajo la castración de la funcionalidad de lo civilizado.  A amoldar su grito, al silencio de la falsa democracia, de su órden. 
Es en la zona oscura de la psique, donde la verdad patalea y acuchilla, por emanciparse. 

Cuando éramos niñxs, esa información estaba abierta, era parte de nuestro escudo, de nuestro fuego. Iba por delante, ella peleaba con los nombres que nos dieron a las cosas, con las explicaciones autoritarias y manipuladoras que le dieron a nuestros mundos. Ella era viento, gestionaba, y mandaba a la mierda lo que en los sueños no era guitarra.

Cuando crecimos y le dimos poder, a la realidad amputada y castradora de los adultos, esa percepción libre y mágica, de lo habido, acabó cayendo, en el pozo de lo invicto. Y olvidamos. Aunque aquél lugar nunca nos olvida, no nos deja en paz, de la falsa acomodación y cojera. Es la que en su dulzura, genera angustia, pesadillas, hambre de luna, de vals y de espada.  Es la Conciencia. La urgencia de los pájaros libres y arrebatados de mar flotando en los aires.

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