HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Entre dos caminos, el paso, lo lleva sólo el fuego.
Cuando la espada y la pared reclaman la sangre, el cuerpo se hace una serpiente.
Caga piedras y metales.
Y por las venas corren los pájaros del Lete.
Beben en tu sombra, el hijo desterrado.
Te destetan de muerte.
Y desde el hueso, el Sol arde. Destruye tu casa. Porque fue levantada en el olvido de un muerto.
Te folla con cuchillos, la memoria que no le diste al océano. Y el cadáver atronador, ríe tormenta en la débil causa a la que se agarra tu desequilibrio.
El único territorio habita en el aullido de los lobos asesinados.
Dáte al éter, vuélate la cabeza, si quieres mantener la vista.
Haz con tus brazos y piernas, leña al fuego.
Haz con las tripas derramadas, alimento de alimaña, tinta de calamar, al poema de la maldición de los mares.
Si quieres salvarte, estás condenado.
Si guardas en la muñequera la hora, te cortarán los dedos, los gritos indomables del maíz entre las llamas.

1 comentario:

  1. Y el incendio no se reconoce cuando se mira en el espejo del agua.

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