HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Equivoqué mil veces el camino, porque fui a buscarlo en la humedad de los puentes secos sobre espadas de lava. 
Y no fue suficiente.
Había que matar millones más de caminos. Para comprender que todo es viento. Que las huellas no siguen los pasos, que la cabeza no está sobre los hombros y que el corazón vive más allá de Marte.
Mi vagina celebró la abstinencia de mi monja y el fuego de las bestias, la sacritud de las ramas, la censura rota en mil pedazos de espejos, la liberación de cabalgar con el diablo mucho más rápido que las estrellas. El orgasmo de sentir verde la hierba y sagrados los árboles y la distancia, en la más pulcra soledad. Y el orgasmo del policía lleno de moratones y de mi vómito exbicionista y sin control derramado en la plaza como una raposa superviviente.Y el del amor. Y el de todas mis indecencias, trincheras, versos, rebeldías y pozos.
Mi vagina siempre se caló toda el alma, en la periferia, en la tumba, en la orilla, en el infierno y en el Sol.

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