HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Es un camino que une a través de lo que separa. 
Como hacer un agujero en la tierra, hervir ayahuaska, dormir el sueño de los muertos. Broncearse de la ceniza más negra, beber el agua del fondo, con las pestañas. Ser y no ser. Volar montañas con el corazón de la sal.
Es un camino que en el pasado me llevó al fascismo de los manicomios y a todos los inquisidores de la realidad capitalista que querían imponer su mirada contra mis ojos, sus farmacéuticas, contra mi cuerpo, su diagnóstico contra lo cierto, su ceguera contra mi llama, su tierra es plana, contra mis curvas.
Es el mismo camino que siguió siempre mi sangre.
La diferencia es que hoy mi locura no tiene problemas de gramática, ni necesidad de discutir su verbo. Me resbalan a zopilote todos los teatros ajenos.
Sé que en mi mente hay espejos.
La lucha es en mí. La lucha es también contra los que agarraron asiento en el senado y sometieron y arrancaron a los pueblos de su propia voz y la tierra. 

Para romper los espejos es preciso, morir en la antagonia. Porque en realidad debajo, no hay dos fuerzas opuestas. Y sólo la muerte da a luz, la metáfora que levanta ese otro camino. La pelea a sangre, es en las capas de la conciencia donde los yoes siguen siendo chivo expiatorio. Ellos, se acuchillan a muerte, porque se reclaman. Escriben su teatro, su argumento, su pasión, su memoria, sus heridas y sueños.  Se agotan. No pueden hacer ninguna otra cosa, acabarse allá en el abismo, al extremizar su aullido y sus razones hasta la luna.
Entonces van hacia la muerte. No quieren morir pero no pueden evitarlo. La muerte les acecha, ellos acechan a la muerte, se aferran, cuánto más se aferran más abisalmente son partidos a la mitad. Se ven obligados a saltar, y al saltar y sumergirse en la pesadilla, se unen. Les une el espanto, porque detrás la más bella música nació a las bestias. Y cuánto más horribles, más grande corazón para volar.

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