HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Esa niña se quedó afilando cometas junto al cadáver del perro avasallado, con collar y cadena, donde todo era del viento.
Se quedó separando la tierra, el maíz, el fuego y la roca, en el fuera de campo de mi vida.
Mi vida ciega de golpear sanatorios en los espejos.
Jeringas en los brazos ortopédicos del hambre.
Se quedó esperándome donde volvería pobre y a punto de morir. Para lavar mi piel con montañas.
Para ir juntas hacia la nada.
Nunca viejas. Si acaso cansadas de mil mares sobre los hombros.

Mi vagina no conoció el amor.
Ella se lo quedó para hablar con la noche y jugar con la lluvia.
Ningún humano lo tiene ya.
Ningún hombre puede dármelo.
Sólo es de ella, volando aviones de amanita donde la luna abre su puño.

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