HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Fue del revés.
Primero calzé tumba en mi grito soterrado.
Tragué tierra con los pies. Para echar agua por el cráneo. 
Comí todas las paralíticas palomas que encontré pidiendo limosna a la noche. Alimento al inframundo. 
El amor llegó empalado en un falso mediodía. 
Remé el desvío tóxico de la amapola.
El conejo con cuernos, fozó la isla de los desterrados. 
Me hinché de etanol, el llanto de la raposa.
Fui intrusa de cada fruto amado. 
El robo y su réplica, venían de cierzo entre los dedos.
La muñeca de trapo se cosió los ojos, entre mis muertas.
El juego era, a tijera y océano, cava o no encontrarás el sombrero.
De tacón bermejo de sangre de gata, prostituí mi alma en la lascivia de la oscuridad.
Fui puta de cada piedra que la patada alzó sobre los hundidos. Abismo intravenoso para volver a casa.
Aprieta el gatillo, la muerta sólo serás tú. Pero si evitas romper el espejo, te tragará la tierra.
Entre la espada y la pared, hay que agarrar una con cada mano, la soledad dinamitera y échalo todo al fuego, en las cenizas comprenderás. Si guardas un cacho de la mesa para salvarte, el polvo no te dejará ver.

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