HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Fue necesario, besar con el cuchillo lo que su mango protegía en la despensa de mis margaritas para chanchos, del olfato de la uña, hecha nicho cuando se olía demasiado cerca el plomo del tiempo y por las narices revoloteaban liendres, que en la mano del padre, pagaban crematorio, y a la reputa que traslademos los huecos, sin preguntar quién coño comerá esos cadáveres. Ni se levantarán acaso puentes o cloacas, cuando los ojos en el horfanato de la lágrima, chupen con fuego y machete todos los aposentos.
No da para tanto ni el estómago ni la palabra.
No da, la hambruna de la voz, a travesando, esas gargantas de olvido.
Siempre es otra cosa, la cosa que acorrala y vuela.

Del puto estigma del espejo abofeteado por los hechos disecados en mi rostro como muñeca de vudú.
Me dediqué al comercio de la materia negativa, de los espantapájaros con sombrero de cuervo, de azulejos con manchas de sangre de ratón. De indigencia protegida en el cagadero de monedas que tragaba la vieja desdentada para que no se ofendiera tu mamá si te olía a esperma la mordedura del perro que de brazo a brazo llevabas al río del olvido.

Todo fue muy raro. Del desatino, entre el manicomio y la laca inflamable de Maruja, dimos a pies puntillas, costura de óxido, dónde sólo el viento que todo lo borraba, acertó a darnos los zapatos, ir de bruces de madera quemada, al lugar que nos hizo la primera autopsia y trasfusión, cuando tan sedientas las venas, sólo la luna galopaba. 

No te tengas en pie. Cuando hay que ser traslúcidas del éter que debajo de las autopistas boicotea las ciudades con llamaradas de dragón.
No dejes la cabeza sobre los hombros. Porque sino la muerte jugará a la pelota con ella. Y toda tu espalda, no llegará ni a tomar caligrafía del último réquiem.
Succiónate todo lo pensado, al ataque de pólvora, de los hueseros que dan de comer neuronas a las cuevas y en el inframundo regresan los leones con estrellas tan inmensas que corta el aire del primer nombre... resplandor que devora el equilibrio, cuando exhalar el suelo es la primera puerta. 

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