HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Fui y no fui, tu aguja y tu hilo, cuando las nubes meaban plomo, en el cadáver de nuestro perro.
La tijera venía amada entre nuestros labios.
El luto se hizo una ametralladora, entre las estrellas y el valle.
Fuimos asesinos, cuando amar era un suicidio, cuando quedarse a cuidar la casa, era prostituir el cuerpo y el canto.
Hoy todo calla. En la armonía de la nada, el violín alimenta la herida, la herida nutre los girasoles.
El barco siempre estuvo después de ir a morir al abismo.
Todas las trampas fueron deshilachadas por el tambor que anuncia en los huesos la brujería de los muertos haciendo girar la tierra sobre el sol. 
No hay diferencia entre yo y una roca y un gusano y una gota de lluvia en los cuernos del toro.
Mi corazón es frío porque está ardiendo. Mis piernas son de ceniza, de bruma y de vegetales.
Soy la intrusa, porque mis semejantes están muertos en el vientre que me ha dado la vida. 
Nací con su memoria agujereada en mi médula. Pinzándome donde hablar era soltar en estampida gruñidos de bestias extintas. 

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