HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hace mucho calor, me resguardo a ese viento de mi exilio. No hablamos nunca de prudencia. Sino del ritmo.
Profundizar lo oblicuo hasta la matriz de la noche, hasta tomar el jugo del secreto de las cuevas. Desatarse sin definir el vicio ni lo sacro. El cuerpo ha de ser libre, sin la carga de las ideas, sin mapas de tiempo, sin crucifijos. Probar cada centímetro de su placer sin refugio. Empapar de mar todas sus grutas y valles, curvas y montañas. Amar como lo hacen los pájaros y los pumas. No hacerlo con notarios ni planes de boda, no dejar que ningún anillo ni nombre te manche la mano y te oprima la libertad, ni promesa, ni necesidad. Amar el amor del cuerpo para que se haga viento y llama. Dentro del cuerpo, viven mil mariposas, raposas, coyotes y lobos, montes, ríos y hogueras, desiertos y mares, el Sol y la Luna. Amar su amor al orgasmo infinito. Fundir su amor al vuelo cósmico.
En el fondo tú y yo no somos nadie. Y me gustas porque eres silencioso. Porque me miras con los ojos del hachís y del animal salvaje y no los tuyos,  tan hermoso, esperando de nuevo el fuego, callado como una jauría que pace la soledad de las estrellas con tu respiración en armonía con mis bestias.... y porque no nos pertenece el fuego podemos tomarlo abordaje hasta la pulverización.

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