HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hay un barbecho, protegido por las ametralladoras de la noche, descarnado por las garras del fuego, que se mantiene como mi hueco-paritoria, entre lo que dice el verso y lo que reclama la carne.
No crecerán allí las hierbas, si antes la parca no folla con la tierra. Y cuando lo hagan, la palabra ha de devorarse a sí misma, en el ciclo metamorfo de la muerte. 
Osar la llenura, es un suicidio.
Esto lo comprendí, cuando empecé a sangrar por las narices en la niebla, y ella me heló en la respiración la agonía de un animal. 
Hoy asumo, indispensable, al Hueco, como dador y reproductor. Como la madre que me salva de mí.

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