HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He comprendido la arista de esa oscuridad que trató de morderme. No era en lo humano, era en el otro lado. En ese universo donde todo es la proyección de un puchero cósmico y enérgetico que conserva el ADN de la memoria de lo inabarcable y los juegos de puzzle de los teatros y mares que arrastramos con los huesos y con el grito. 
Lo humano era el subterfugio donde yo tomé la luz de la ayahuasca, la trampa del verso, mi inocencia, mi ebriedad, mi mear fuera de los tiestos al lomo de la raposa.
La presencia oscura, era una grieta en el espejo, pero yo nunca fui allí reflejo.  Sólo paloma equivocada de otro romanticismo del dadá y de los lobos. Errática tal vez de mi palabra, de mis excesos, de una radicalidad de serpiente que eche el vuelo. Tal vez sí atenté contra mis visiones, al pecar de la duda y no actuarlas a cuajo en su nacimiento. Dejé irse, afuera del límite a una sombra. Pero siempre he llegado al conocimiento desde el inframundo. Ese pulso, me ofrece mayor perspectiva, aunque me deje moratones. A la guerra se va, sin temor a las heridas. De la sangre derramada florecen lunas más bellas, islas más profundas, armas de luz más compactas. Conocer lo enemigo hasta su raíz, es llegar al centro del sol más profundo. Cuánta más oscuridad se transita y se arriesga, más fuerte es la luz.

No hay comentarios:

Publicar un comentario