HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He de volar.
He de romper la sombra digital que me sella en la pared que ahorca el otro lado de la mano.
La puerta se toma tragando los ladrillos, la tormenta, el barrizal.
Cuando dos caminos están cerrados, se trepa al árbol, se aguarda sobre el frío, el rayo que emana entre las piernas de la tierra. 
Y entre las dos manos, se empuña, la bruma, para avanzar, aunque sea sin huesos, la llamada de los lobos.

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