HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

La belleza, eran tus manos, con esas llagas de serpiente, dándome el pozo oculto de tu espanto.
Abriendo en mi carne, la podredumbre, de tu voz cubierta en la tierra mojada de la eterna la noche.
La belleza eran tus pechos arrugados de mil fracasos, conservando el grito abortado de tu madre.
Compartiste tus cicatrices, como se entregan las armas, con mi desquiciado espectro del suicidio.
La belleza, era el vídrio arenoso de tus ojos, llevándome al infierno, con látigos de bestia y luna.
Eras tú, vieja y demacrada, hermana del diablo, la cuna de mi futuro.
Me meciste en tu regazo, dándome el sufrimiento y el abismo, para salvarme de mí, del mundo enfermo de las civilizaciones que todo lo olvidaron y vendieron.
La belleza, era el espejo, haciendo astillas con mi rostro, volviendo a ti madre de los muertos.

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