HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

La realidad ordinaria, se sostiene por una eclosión, de algo que arde en el interior de su apariencia, una explosión cuántica, un juego de naipes de arlequines y bestias, un pulso con lo extraordinario. Su acceso está en algún lugar entre nuestra psique y el Silencio embaucador de serpientes, danzador de pumas, asesinato del yo, a través de la transiletaración de su mito hacia el cóndor de lo etéreo.
Es sólo un lado. Un teatro creador. Una fragua de limitaciones, rizomáticas de un común denominador de la escasez. Que a su vez formula un mito en constante cambio, evolución-involución. Un mito, lleno de errores absolutistas, mercenarios, pero a la vez creadores.. que obligan a una nueva destrucción también enllamada que sustenta en el equilibrio de un agujero negro la carne de las hueseras. Tal vez el lado del éter, chupa y crece en la función de la realidad-binaria, coja, amputada. Hay una simbiosis extraña. Los árboles lo saben. El juego siempre estuvo, macabro, maravilloso, aguardándote para que apretaras el gatillo y ardieras de música.

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