HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

La tarea, es escuchar las palabras de los árboles e ir de sus dedos a volar con zopilotes.
Ninguna otra, hoy me vale, ni la gana, ni la música.
Lo único a lo que hoy llevo mi vida, junto a la muerte, es a la apertura de lo extraordinario.
Sé que existe, estuve allí. Olvidé muchas cosas, bajo las correas del manicomio, bajo las drogas de los domesticados, bajo mi infierno apaciguador y sedante. Tras los narcóticos de las convivencias con criaturas que no tenían 4 patas. Concedí a mi inmemoria, planes fósiles, de la posibilidad cobarde de una vida bajo el control de la razón. 

Hoy mi latido, sólo va, hacia lo inimaginable. Atravesar el secreto de la muerte, sin dejar mi cadáver. Entrar y salir. 

Soy insignificante, como todos los vivos. Soy irrelevante. La muerte me pisa la sombra, la carne, y por suerte, toda la genética, antropología y civilizaciones. 

Hacerse polvo. Para hacerse viento.

Cagar la importancia que me daba.
Cagar el ego poético, mi amasijo de pinturas, mi colección de amores de burdel, de fotografías, de creencias imbatibles, incorruptibles, que me intoxicaba la forma humana. Cagar uno a uno mis valores, mis deseos, mis pasiones, mis pactos con la víscera rectal del alimento de un yo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario