HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Las palabras son rocas volcánicas, sombras, vegetales sin agua o con demasiada agua, para encender de los fósiles el animal.
Y sin embargo ellas cuando se combinan en su propia desaparición, fuego y hueso, abren la gruta a casa.
La razón engendra monstruos que revelan en el éter su cautiverio.
Todo lo que escribí para desatar el nudo, a su vez, ató un nudo, en mi cuerpo, frente al salto al Infinito.
Todo lo que no escribí para atravesar la bruma y el beso del peyote, ató un nudo, en mi éter, contra mi cuerpo en la tierra, balanceado en la locura.
Froté el exilio entre estrellas vizcas, desvanes de sangre de sapo, y una inmemoria escrita con bala en mi hueso.
Hoy digo, no diciente entre mis líneas lo que es al vapor.

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