HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Llevar a la escritura lo que me dio la nada.
Camaleón, mesa de lluvia en la que apoyas el insomnio cuando tu cuerpo es un insecto poniendo huevas en la tormenta. La letra es un sarpullido. La tinta, una ventana perdida entre piedras y ventanas.
Yo soy irrelevante respecto a los significados que me hacen ser. El no-yo, es un cortaincendios y un prende-sendas.  Mi historia personal, como todas las historias, fue un cúmulo de estreñimientos, pólvora y tragedia griega y astronauta-pitecus. Para cagar de una vez el humus.
Fui sólo filtro, encerrado por carne, exteriorizador de lo incomprensible que en su honrado ataque, arranca la cabeza. Te pone de bruces, con toneladas de mierda hasta el espanto, y dices, no es mía, no fui yo ni verdugo ni víctima de todo ese asco. Y al decir, los lobos vuelven por la tráquea para mover esa montaña de nieve de la huella ensangrentada.

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