HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Mantener los ojos, en el viento púrpura que sólo ve el interior de los árboles, cuando mire y trate con seres humanos.
Destruir de mi víscera, el reclamo que ofrezco, en la partitura blanca.
Soy yo. Nunca nadie más. Nunca yo.
Soy yo frente al sol que trae mi no-yo.
Todo lo otro que llegue, es simbólico, del canto de lo desconocido.
Ya no es tiempo de odiar ni de culpar, a nadie ni nada.  Tampoco lo es de amar, como alguna vez amé.
Es el tiempo de los lobos, crepúsculos, montañas y mares.

Fijar mi atención, en la comprensión, e igualdad semántica, de un humano, es violar mi espíritu, separarme del fuego y las neuronas de la tierra, de las nubes, de los astros. 

Fijar mi atención, en mi vieja hechura, del contexto de mi identidad, de mis pasiones, de la imagen que quería que la otredad amara en mí o que yo respaldara en mí, es violar mi espíritu y la cuántica.

No puedo permitirme, atascar piedras, en la senda del Infinito.

Esto implica un trabajo arduo de purgación.
De continuo asalto, amarrado a la posibilidad de la derrota y al beso de la música.

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