HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Más allá del bien y del mal. Corazón de ayahuaska. Partitura de benceno en las arrugas de la luna. Sacar el alcohol de las nubes. Beber hasta quemar todas las naves junto al sol que no se detiene.
Dejar caer todas las pieles, cuando la noche abre sus piernas, más allá de la tierra. Toda de agua, toda de sal, amanita que se rebela, al encaje, al éter, a ti y a mí. 
No sé si fue la oscuridad o la luz, la que nos cruzó en éste baile de nómadas. No sé si es amor o es heroina. No sé qué cuevas me abriste donde los horizontes ardían. No sé nada de las palabras, cuando respiras en mi pecho. 
Todo es dadá. Romper el espejo. Cubismo de suicidas y pobladores, semillas y fuegos. Huéspedes de la estrella fugaz. Esa noche dentro del bosque. Sólo ahora. Siempre fue sólo ahora. Te desdigo y me desdices, cuando nos soltamos de asteroides las guitarras tan adentro. Y sin embargo sé que no te daré morada ni porvenir.  Y tal vez es por eso. Tal vez es porque dentro de ti, la misma vagabunda peina los tambores a los pies del lago. Tal vez es porque nunca nos importó. Tal vez porque ya no queda vivo ningún control, para llegar a la madre cósmica. Porque no puede ser de otra manera. Porque vos estás tan loco como yo. Porque sos mil dentro de ti. Porque sabes mucho más de lo que dices. Y callas lobo, balcones que vuelan. Y mis ventanas ebrias de rocío y coñac, golpean la clandestina corriente, más dentro, más fuera. Y sólo la luna lo sabe. Y la mar ofrece su aliento, a 1000 años luz de nuestros nombres.

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