HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me atrajiste al otro lado de la orilla de mi desierto en llamas.
Mi útero se contagió de seismos.
Mi camisola se llenó de mares.
Hice todo lo contrario a lo contrario que me envió aquél barco de papel cuando escribían versos los velociraptores en mi sal.
Te abrí de fragua la mentira de mi voz. Juegos de naipes robándole todo a la banca.
Debió de ser un sueño que desvelamos en la insomne guerra de los bosques. 
No sé si fue esa caricia cuando desarmada escuchaba irse a dormir a los gorriones. No sé si fue, la ternura de tus vagabundos, o el cuento que me contaste de la noche que te perdiste en las montañas, justo a dos perros, alejando para siempre la urbe.
O es que yo, llegué caracola alucinógena al baile de cangrejos y el plancton hacía volar. 
Hija de todos los olvidos, con el equipaje corriendo río abajo y el mañana, era una bala perdida de la pistola del Quijote.

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