HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me despierto ansiosa de la necesidad de la escritura. Del remojo de lo roto, entre las piedras que frotan al interior de los caminos la lumbre. Con el ansia de luchar en lo cotidiano, la urgencia de un cuerpo de agua. La necesidad de llevar a la escritura lo que me hace volar cuando estoy en los montes.
Mis sueños son extraños. Es como si muriera de ellos.
Hay un reflejo, un símbolo, que ocurre paralelo en mi vida. Un acceso que me hace caer, invisibilizarme de mi propia pupila.
Estoy en el incendio de la soledad. Debo detenerme de aquella senda etérea, hasta que el poema no haya cantado. Es una trampa tomar atajos. Siempre he tomado atajos. Lo he hecho con el delirio de los que viven en la burbuja de cristal y fuego de un pájaro hambriento. No se puede avanzar, sino se ama, sino se baila. No debo hacerlo, sino me meteré en un lugar que me destruirá. He de sacar fuerzas de la ausencia que hace caminar. Retroceder como los cangrejos hacia el beso que dio la mar. Estructurar lo que supe allá tan lejos de la vida. Estructurar con el pensamiento, aunque a su mitad sea hoguera y ceniza.

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