HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me despierto lejos. Con el viento hacia otras montañas. Me iré. No volveré allí, no ahora.
Me había volado justo al lado contrario al que iban aquellas huellas de fotosíntesis. 
Me enloquecí de fuego y placer, quise hacerlo hasta la luna. Pero no es mi camino.
Se repetía la historia del cinismo y el benceno. Del amor manipulado y ausente, mezclado entre cáñamo y vino tinto. Diciéndote para no decirnos la largura de opio de los barcos.
Esos peligrosos rasguños de helio cuando se ha perdido la tierra, en un corazón arlequín y de cristal.

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