HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Mezclamos el hambre y el aullido, nos salió dragón entre el cielo y el infierno fundiéndose de ebrio placer. Nada preguntó la palabra ni el tiempo ni el futuro ni ningún ayer. 
Mis sueños me advertieron que debía de asesinarte del fruto de la vagina. 
Los lobos reclamaron mi soledad en la montaña.  Pequé todavía un salto mortal más contigo hacia el desfallecimiento.
Mi mística se desveló contra ti en mis entrañas. Contra mi osadía, contra mi locura. Aquella caravana de yonquis de luna sólo podía estrellarse.  No salté en marcha hasta no dilatar tu negrura en el límite del jadeo de la selva incendiada.  La mezclé con mi oscuridad. Le di libertad, multipliqué todas las tentaciones para derretir todas las cadenas. Y ese último orgasmo fue el adiós para siempre. Da igual que aún tengas vino que me llama desde ese barro.  La mar decidió. El corazón nunca se equivoca. Y tú no estabas allí. Sólo las estrellas pueden tocarlo.

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