HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Nací en una tierra prostituida por los privatizadores y proxenetas, criminales bajo el trato de usted, escoria en casas de lujo, con la policía y el ejército, velando, su mierda empacada, distribuidoras de nuestra hambre, de la herida gangrenada de la tierra, flujo bancario sacando beneficio sólo de la injusticia e infamia, a boca llena, de nuestros cadáveres ensangrentados, formularon estados y parlamentos, hicieron la ley para que nuestra memoria fuera clandestina y condenada a galeras.

Me echaron un molde, de cemento, con un techo formado por el humo tóxico de sus tubos de escape y fábrica.
Mi madre también había sido secuestrada por la enfermedad del miedo y de la vegija de los zoológicos ahogando sus cuerdas vocales, cuando daba alimento ciega a sus depredadores.
Y en su vientre me retorció sin querer, el aullido de sus muertos. Me educó para caminar con la cabeza agachada como ella caminó para sacar de debajo de la tierra, la rata de la muerte y que no le diera un ataque cardiaco.
Pero yo no traicioné nunca a la peste. Y mi corazón todo cenizo, fuego negro en la leche materna, me bombeó arco y flecha, y me juró la roca y el agujero, en lugar de la aceptación.
Llegué huérfana por designio del Tabú. Del viento de los ciervos y de los monstruos, metiendo por mi cordón umbilical el alarido del cuervo que no comparte jamás el gusano ni el hambre sino con el hueso y la hoguera.

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