HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

No necesito ir al Tíbet, ni al Machu Picchu. No necesito encontrarme con un alguien que siempre haya soñado. No necesito hacerme cartera sin zapatos de la ruta de la seda o mendiga en París. 
Todo siempre estuvo debajo de esa cama de hongos y carcoma.
En cualquier lugar vuelan las moscas. Pegarse a sus ojos de fuego y echarse a zumbear, telaraña de luna, en las ruinas secretas que la roca protege en vientos migratorios. 
Dentro de mí, tan dentro que yo tenía que morir para escucharlo. Vivió cada huella, constelaciones de pólvora y fractales, pegados al animal que en sus alas, llevaba la noche y el día.
Echar por la cisterna la espiral encerrada, del tic tac, del horizonte. El verdadero horizonte, es un cadáver que nos espera en el corazón. A veces se nos escapa al infierno y hay que cavar fosa y comer estiércol. Cristalizar las lágrimas en un cuchillo, usar al afilador, revolver, cazar, ponerlo todos patas arriba y en las zarpas acordeón.
Sin ti,  para acariciar las estrellas.
Sinmigo para cantarlo.

2 comentarios:

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  2. Yo no le conocí, pero supe de él a través de ti. Y estoy seguro de que había en tu abuelo montañas más altas que el Tíbet y el Machu Picchu.

    Las chicharras cantan y huele a esparto...

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