HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

No quise evitarte. Cuando subida aquél árbol sonó aquella canción.
Con la excusa de la tibia cerveza al acecho de su frío. Las burbujas de la hoguera, nos juntaron otra vez, atados de viento, separados de historia.
Ritmo sagrado de los que van sin rumbo y sin sombra, de los dedos de la estrella, de la bestia de la montaña, me despertaste de la oscuridad el peyote, con la sensibilidad de fuego de tu silencio, llenando de sal la piel. De vuelos piratas las cumbres de la niebla. Taan verde el verde del valle, cuando me atas mar adentro y se pulverizan mis orillas dentro de ti. Ron de proscritos enfrentados a la tierra que no nos sostiene.
Desfallecer de los lados incendiados en el centro volcánico de ese vino tinto que aprietas en mi vientre. Mentirte gata, el animal de mi corazón. Tararear inocentes destierros, mezclados con tu vaso. Y siempre es otra la palabra. Pero ella es de la luna. Tú y yo no la necesitamos. Sobre caravanas de ruedas de éter, hacemos nido, donde los lobos y las gaviotas mueren de placer.
Me arrancas todos los claustros...cuando el blues pide más blues, cuando el vino otro botella, cuando me metes la luna, sin ti y sin mí, acordeón etéreo de la lejanía fumada al sexo de los mares.  Amor de aire. Éxtasis de aves. Donde los sueños se confunden y de puro placer, volvemos al universo, sin gravedad y no preguntes nada.

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