HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

No soy escritora. Sólo busco la libertad, la del Infinito, la de entrar con alas por el útero de la muerte y expulsar mi cadáver como estallido de la semilla de la nada.
No tengo ningún plan que no sea volar con el ayahuaska incendiada en mi esternón y alas de dinosaurio clavadas en mis huesos. 
Todo lo que escribí, fue para Baba Yagá. Para que me tragara en su alucinación, y cuando me reconociera hueso con hueso, su hija exiliada, volver con los monos y los tigres, los lobos y las ratas, al aquelarre del sol.  Tal vez buscar el hacha neandertal y clavársela al papa y al presidente. 
Pero no más.
Mi libro es de vapor. Mi vida mundana es un tránsito para morir de pie en el abismo. He de tragármela con el jugo gástrico de la ballena y del buitre. Porque es irrelevante, y sólo si ella desaparece, mi voz recordará el canto.
Estoy demasiado loca, contra todos ellos, y hacia todos ellos, como para tener de huésped en mi casa, un alguien que no sea un lobo negro.

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