HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Pisar de mirlos, cauces de tierra agrietada, en la incursión de tinta sobre versos de fuego.
Cúmulo de restas, al cruzar de los saltos, la suma de montañas al vientre de un puño sólo de hueso levantando la mar donde el pozo te pone boca abajo y te golpea viaje de LSD, para que comprendas que sólo es la oscuridad la que frota las piedras que dan la luz.
Esto siempre ha sido una travesía mágica.
Sólo la trampa del pensamiento y de la interpretación te hace creer en el tictac, en la cadencia, en los mapas, en las líneas rectas, sólo tu razón, te da el hastío, la penumbra asediada. La necesidad del control que levanta los muros de tu celda.
Acá está el paraiso. El Teatro sólo para Locos, tú eres todos los personajes, el guión, el cuchillo que asesina al autor y los aplausos de peyote quemado.
Sólo tú.
Todo lo otro son símbolos, hechos túneles, calles larguísimas, secas, acuarelas de lluvia, tormento, infierno y hambre... que tomaste por lo real, porque el cielo se meaba de risa, desmondándote limones y puñales. Porque había que abrir los ojos, a través de la herida cegándonos de sangre y aullido. 
Tú cuando te deshagas de tanto tanto.
Tú cuando bebas espejo líquido del astro y de la tumba.
Tú, hagas lo que hagas. Por mil veces que te llenes de disfraz de mármol. El fuego es inevitable.  Morirá todo lo irrelevante en su placenta Tú eres del todo irrelevante por eso el fuego te ofrece a la libertad. Y la madre-muerte te da sus senos infinitos. Al juego de dados de zopilotes y estrellas.

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