HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Prepucio de sol, en la boca cadáver.
Es la puerta tirada a cabezazos, cuando el cuerpo era un anguila, sombra rectal del océano.
Entrar era morir. Morir era recordar.
Asumidos todos los suicidios terrenales, es la luna y no yo.
Me tomo reverberación del velo que se vela, cuando rebela el aullido la luz. Y del revés, si aún estás allí, todo negro y peludo, bello de lo que me fue tumba.

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