HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Quedé mal con casi todos. Cuando los ojos penetraban al final de las ruinas, un vals que abría el cauce de los lobos, al pasar toda la noche, cavando la fosa que conservaba la caricia de las hogueras.
Fueron muchos años, deshilachando la gangrena de la herida, de cara a la pared y a la espada, para sorber el engaño de los espejos, aniquilarlo de desgarro dentro. Y cuando el dolor era un suicidio, las anguilas venían bailando.
Fueron murmuros de paloma hambrienta, cuando de tu lágrima, la tempestad obligaba a tirar la borda por la borda. Teñirnos de medusas el aire opaco de la retina.
Y hoy, al beso de los tordos, corazón sediento, extiende hacia lo imposible, la semilla abierta de piernas golpeándote....que te dio el primer chillido.
De perpendicular vaivén de las pérdidas, llegándote llegada, a la humedad de la tierra que brinda cáliz de luna, donde el cuerpo vomita su apego, y una frontera succionadora es vientre, al azotar de la muerte en la mano vacía. Fue manantial hermana, cuando oliste de lejos, la raposa proteger su manada, en el cuchillo que en tu espalda sangraba las constelaciones, precipicio del yo, inevitable ahorcamiento.
Hay que ir, imbatible hacia el secreto de la Nada. Tal vez nos mate. Tal vez, esa es la primera condición para bailar de ratas las estrellas. No temer. Apretar entre los dientes el vómito de vísceras Extiende tus brazos al vacío..... si retumba el espanto, es que algo, urgente ha de morir. Ir de frente, aunque los ojos se mantengan en las palmas de los pies, en el interior de la nube de la nieve.

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