HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Quedó atrás, entre zarpas de arena, la huella que acumulaba mi aliento en tu habitación.
Subía las persianas entre las pesadillas de la  noche y dibujaba tu ojo y mi ojo, entre cartón y payasos de machetes y sed. Inhalando lejanía para perfilar del firmamento la piedra que en la mano invocaba el golpe etéreo de la vuelta de campana entre dos mundos.

Recogí mis papeles arrugados. Me arremangué los naufragios en el vestido de tierra. Busqué al zopilote donde el desierto hablaba.

De bruces, te perdiste dentro de mi cuerpo.

Bailaron los abedules y los fantasmas en la ciudad destruida, como héroes desarmados.

El frío permaneció como esperanza entre los zapatos rotos.
Patadas a la nieve para llegar a los venados.

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