HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Romper la vieja máscara.
Sus favores fueron amapola, cerilla, y ojos abiertos entre crematorios.
Cuchillo inconcluso, en la mariposa que paría párpados de Mercurio.

Hoy son esqueleto que me hunde.

Me uno a lo desconocido, para embriagar dentro, la nueva piel. Expulsar la muda, arrastras por el barro. Secar esos huesos en el fondo del mar. Volver a casa es perderlo todo. 

Ya no hiere en mi nombre, lo que reclamé al humo. Porque soy humo. Porque las salamandras vestidas de fuego se llevaron la caligrafía a la semilla eléctrica de una eclosión al lado de la inexistencia, para beber de las raíces de los viejos árboles, el canto del primer gusano que hizo de enterrador, extendiendo luego alas, sobre el vaho verde de lo distante. 

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