HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Se agita el viento, se columpia en los árboles, tomando de los ojos que oyen, ceniza matrona que nombra el fuego.
Fuimos la distancia.
El múltiplo de criaturas, jugando a dos, los naipes que eran para siete.
Temblor de la mano en las profundidades de una articulación de benceno.
Mesa que se traga en la lumbre que escribe ventanas en los sanatorios usando la gota de sangre insolubre de la llamada a la luna en ese lugar donde no hay esperanza.
El error era mantener un diálogo condenando a galeras siempre a un amanecer. Usando chivo expiatorio a un trozo del corazón.
La unión, el total, estaba más allá de la noche. Llegarla era un salto mortal donde todo desaparece.
Resbalar los años, bajo la lluvia fría, sin techo, con las piernas en la mar.
Agarrarse de águilas el drenar de huesos hacia el beso del vacío.

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