HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Suenan los gallos. Los colores frotan la queimada de la distancia que retorna a esa fuga cuántica que enjambra la semilla.
La escritura ha sido mi brujería, la limpieza, el regreso, mi fuente. Aunque también en el pasado fue permisiva con ciertas trampas que ella misma reveló y puso contra mi vida, en los suelos resquebrajados.
La soledad dijo en el desierto lo que se depredaba de mí, en el exterior. Lo trajo al doblar de las campanas, al vino caliente, a la luna helada.
La tarea, es cada segundo, penetrar la dictatorial percepción que yo amurallo desde la presión de una realidad segmentada. Del gran hermano del capitalismo, de todos los sistemas que han asediado el baile de los lobos. Pero sobretodo aquellos que yo sin ser consciente dejé comer a cachos mi carne. 
La lucha es conmigo. Con la permisividad. Con ciertos planos del subconsciente, del ojo, digitalizando piedras que levantan prisión. La lucha es adquirir la mirada de la muerte, antes de que muera. Inflamarme de la nada, cruzarla, saber que lo extraordinario, vive cuando se rompen las cuerdas de todos esos paises, y generaciones y cadenas, que han hecho una realidad fascista y que nos han querido sus sirvientes, sus continuadores, su carne de carroña.

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