HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

También debo volver el verso a la política, mi corazón y mi senda. La lucha de lxs avasalladxs, es lo único que dignifica tener conciencia. 
Ahora estoy en un sanatorio, de mi sombra, mi víscera y el aire. Ciclos de mariposa mortecina, garras de ciervo noctámbulo, pesadillas de maíz sin labios y sin valle. 
Debo escribir mi propio mito. Conocer los símbolos que devoré con mi zona oscura. Todo lo que manipulé, lo que me mentí, lo que no quise decir en voz alta. Debo exorcizar en el papel temblante de etanol y luna, todo aquello, que fue teatro, pero tomé por carne. 
Sin piedad, sin torturas ni afectaciones. Detrás de esas bóvedas, vive libre la montaña. No puedo dejar ninguna cuerda ni punta, gangrenada en mi espalda, ni en la voz. 

Por lo que ha quedado pendiente. La muerte me busca por las noches. Por eso muero de lo soñado.
Alguna vez elegí el camino de los suicidas. Allí crucé puentes de lagarto-cadáver. Corté la mano que me daba de comer, la eché en una cazuela de precipicios, y la mordí, con la noche asesina. Aquello dejó una sombra abisal entre mi corazón y las hierbas.
Fui mala persona. Actué con despropósito de desnutridas ratas sacándome sangre en una esquina despedazada,  haciendo de pata, en la mesa de los horrores. Viví dentro de la matrix de la identidad echa pedacitos de puzzle de estramonio en ataques de luna llena. Bebí con los dedos, una realidad que me era extraña... y oculté en mi sótano, la lluvia, como rocas costureras de un despertar agujereado de antagonias, cuando los corderos balaban en la nieve, un árbol de sangre.

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