HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Tengo que callar de mi mente todas las fracturas de lo que me engaña la palabra.
Todo lo que me miento cuando busco la receta.
Todo lo que rompo al encajar mi estante de arrecifes, volcanes y agujeros, en un razón que pueda decirte al oido y que las dos lo entendamos.
Mi mente me pervierte. La mente nunca sabe nada. Sólo de laberinto, cien mil años de soledad en un espejo pervertido de falsos y sesgados plurales. Todo es teatro.
Pero afuera bailan los océanos la absoluta perfección.

Tengo que remojar mi corazón, sin tanta ebriedad, sin sólo desierto, sin sólo selva, sin sólo río, sin sólo arista y caza, sin desmemoria ni memoria, sin sólo poema, ni sólo salir volando por los aires.

Sin agarrar esa catarata de whisky para morir en el callejón pegada al sexo del cielo.
Oir mi viejo instinto. Descifrar la inefibilidad en la radicalidad de lo inefable.

Si. También era verdad. No sólo vicio. Lo que pasa que había que echar pis de bruja para que tuviera continuidad y pureza. 

Me conocí perversa de toda moral, toda zorra, toda infinita, toda libre, insaciable del Infinito.  Me conocí allá, en mi naturaleza oculta, pura bestia. Y me asustó descubrir que mi límite estaba más allá de la muerte. Así que me disfracé de santa, porque en mi otra mitad, ella también todo bestia no dejó de acariciar a los ciervos para salvarlos del frío.

Sentí e hice cosas que sólo le diría a las estrellas.
Y me gustó tanto rodar de nuevo helio en el paraiso del salvaje orgasmo del hueso que me afilé de sinfolonas todos los dientes de luna. Caí en mí misma, como una hija asesinada. Me conté cuentos paranodormir en la noche de los fantasmas de mi autopersecución. Y vi de nuevo al Sol dorar todas las hierbas sin que ningún mal jamás habitará en mi alma. Sólo aire y fuego. Sólo animal salvaje. Sólo al rastro del Infinito.

Desatarme la lengua de mis pecados, bebiéndolos todos hasta el quicio y precipicio, alma liberada. La locura es la represión. La belleza es el abordaje. La naturaleza es lo inabarcable, lo extraordinario. El sentido de los civilizados, es pura enfermedad de instintos castrados, ahogados de crucifijo y billetera. 

Ellos llaman locos a los cuerdos.
Llaman bien al mal.
Llaman vida, a la muerte.

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