HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Tengo que ir a ensilar bajo el río la heroína que ensangrentaste donde en realidad yo no estaba. Pero algo de mi espejo, tomó por ti, el asalto del Leteo. Lo hice mío, porque soy generosa con el exilio, porque también me gusta jugar a hacerlo con el infierno y darnos eternidad, total absolución si me penetran los árboles la raíz. Porque soy aire que se quema a sí mismo, te di toda la lujuria, para apuñalarte un beso, en tu negro corazón. Fui la abogada de tu diablo, alegando por los dos, una isla de ayahuaska, cuando tanto cristal y marionetas de muertos amotinaban los poblados como ahorcados de estrellas. Tomé de ti, ese amor de pumas, dentro del bosque. No era un amor humano, no tenía ni decencia, ni huerto que sembrar, ni corazón. Pero lo dibujé amor, donde tú, eras precipicio. Donde yo era una metáfora. Baile nuclear. Todas las águilas ebrias de fiebre, retomando el origen del pecado, con nuestros cuerpos inocentes y llenos de balas por volar libres, más allá, mucho más allá. Sin jamás alojar más cicatriz, ni candado.  Yo sólo fui agua. Mío el vapor, la libertad, los duendes. Tuya la oscuridad. Tú no conocías el corazón del sol. Yo sólo voy hacia allí. Por eso jamás.

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