HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Todo es mucho más fácil.
He elaborado cien palas para perforar túneles, cizaña al verbo, estrategia de acecho y caza, de la hoguera de la soledad, al rostro de ahí afuera. Como si necesitara un ejército de payasos y contrabandistas para llevar libre la palabra.
Refuerzo del teatro amotinado, máscaras y escudos, sangre derramada de cuervo y de peyote.
Pero lo único que tenía que hacer era fluir el presente, sin la sombra de los hechos ni las palabras conocidas.
Sólo tener la mirada fija en el viento, el alma de los árboles en el pecho. Y jugar, porque lo desconocido no baila bajo estrategias de conocimiento y sombra, porque canta libre sólo en lo que no se sabe. 
He andado tanto, a laboratorio de hachís, a mapa de guerra, a no permitirme tropezar ni que me toquen, que he olvidado muchas veces que lo esencial ocurre cuando se es todas las estrellas sin saberlo.
Se trata de nunca mentirse. Arder en preguntas. Amar sin cuestionar al amor, ni como objeto dador ni político, ni como mío, ni como para algo. 
Que no importe nadie y que importen todxs, sin hacerlo, infinito de regazo de la mar.
Que resbale todo lo mío en otros ojos, lo suyo en los míos. Todo es Teatro y Sueño.

Sé que aún dentro mío, vive la custodiora del frío en el interior de la gruta. La suspicaz. La que no sabe soltar la esquina del callejón y cuchillo. Ella advierte poemas noctámbulos contra mi vida, por la traslación bebida de la noche del desierto.
Ella, mira a los otros, con un zopilote hambriento en mi pupila, con la urgencia del escudo, del no te acerques. Del no me ames. Ella aún está llena de glaciares. Desconfía de los humanos aunque ella haya sido responsable del reflejo. Y en algún lugar de sus cicatrices jurara pólvora.

Ella ha de morir para que yo pueda volver a casa.

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