HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Todo ha cambiado. Amontono cuadernos, en el peso de la mar, removiendo los huesos de los ciervos, para ver si el pellejo arde en la sal que dio el nombre perdido a los árboles.
Oigo a la sombra como una de mis piernas, sacar el rabo y el hocico, corriendo a cuatro patas hacia la montaña que ofreció el secreto de la muerte.
Estoy entre 7 caminos, succionándolos sobre mis dedos, incendiando su enigma en las pupilas, sabiendo que esa tierra ya corrió por mi sangre. Que mi pan es pobre. Que el grito espera, la vuelta del animal entero, hambriento y libre, mucho más allá de las ruinas que me hicieron conocerlo.

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