HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Todo lo que antes fue mi tragedia bizarra, de arlequines y griegos, con ratas por la cabellera. Hoy es mi suerte. Todo lo que fue mi alcoholismo y tango, corte en las venas, hoy es mi frotar de piedras en el fuego. 
Fue lo que protegió la luna, en mi útero. Las bestias, en la caligrafía de sangre y vómito de mi soledad.
Fueron mis gusanos, mi espejo de Franquestein, mis pelos en las piernas y en la lengua con la cuchilla en tu ternura, hipocresía de una civilización levantada sobre los fusilados, amamantada por el fascismo y por los domesticados apoltronadores de la basura.
Fue mi cama vacía, siempre llena de hielo, volando en busca de los buitres.
Mi corazón congelado, roto por mil esquinas, cuánticas del libar del estramonio.
Fue estar sola, serpenteando en los burdeles, vistiendo mi piel con escupitajos y llagas de la noche de los mil exilios.
Fue el desprecio, la incomprensión, el asco a la enésima de la bestia agazapada, fue la arista que me parió huérfana, viuda y a la mitad rata, lo único que me protegió del diablo de la sociedad y del yo.
Fueron los que me hicieron llorar y entrar a la locura y la guerra, como una bala perdida y huracanada, los aliados.
El amor, el verdadero amor y fuente de todos mis sueños, caminos y horizontes, sólo perteneció a Ella, la tierra, la luna, la mar, las estrellas y la noche, la música que eclosiona cuando el Silencio hace cenizas que vuelan en el fondo de los huesos. 

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