HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Trato de diluir mis sombras en el beso del abedul.
Sé que me engañan.
Me ponen a la defensiva. Me colocan una arista en el corazón, para que no me manchen los ojos de la otredad. Un diu para que sólo entre la montaña y se vayan despedazando todos los mapas situacionistas de la endémica muerte que viví de los semejantes. 
Me hacen correr tras las cabras donde la noche precipita volcanes, esculpe una ventana en una piedra, me succiona, me habla del jamás, del no volver, del encontrar alas de dinosaurio, diluirme en el océano, hallar la voz de la luna y pulverizarme de estrella donde jamás hayamos sido. 
Esa sombra del tango insomne y el whisky rasurado donde todas las calles están cerradas. Heridas amotinadas en un papel de hoguera y fango.
No son ciertas. Son sólo un mito, de la Alicia punk y anémica, de la esqueleto y cuernos de mamut, de laa demacrada de paredes-espejo de hoguera incierta y punzante. No soy yo. Son muros que levantaron mis sueños ensangrentados. Son lágrimas de cera líquida cegando los ojos de una calavera.

No hay comentarios:

Publicar un comentario