HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Volver de la mar en tu habitación sin paredes. Fuego que flota. Airada de árboles en celo cortando todos los hilos.
Viajera de la duda comprometida con el quizás que lo deja todo en el aire.
Y nunca hacer pie.
Y no decirte mañana. Ni sabermos más que en estos saltamontes del placer y el despatriado horizonte, nubes moradas entre las piernas.
Abrirte mis cuartos oscuros sin que lo sepas, mientras respiras pájaros de mis senos.
Porque llegaste cuando no te buscaba y ni siquiera es cierto que nos hayamos reconocido.
Porque hueles a hachís y a festivales de ladrones cuando nadie quiere dejar nada en los bolsillos.
Porque me excita asustarte con palabras de helio y murciélago de tres ojos, mientras echas humo verde por las pupilas que me rozan desde el espejo roto de la pared.
Y no nos preguntamos, nada. Al suelo sembrado encima del viento, me asomo por tu humedad y me sale por los poros cantos de fuego y tú artesano lo contienes muy adentro y me sacas la sal.
Me das poemas que nunca te cantaré. Nombres que no te diré al oido. Porque a tu lado, sólo vertical vuelo contra la palabra, sin tiempo, sin futuro ni sombra, sin porque algo, ni para, sólo abrir la flor de la libertad entre muslos y opio, sorber del cielo, exalar en la noche, estremecer cada hueso de gozo e infinito. Sin motivos. Sin moratones ni álbunes de fotos. Sin darnos el nº de teléfono. Orgasmo de la huella del desierto, navegando de amanita las estrellas.
Caer desfallecida en tu aliento de salitre y hash. Entrega sin entrega, sin coartada, sin cicatriz. Porque entre nómadas nunca duele ni pide nada la tierra. 
Amor de aire, sin verbo, sin ti y sin mí, sin mapas y ebrios de dos. Amor de sudor y hierbas, sin ancla. Amor del sentimiento de los pumas y los astros, y no de lo humano. Tan tú, en la ebriedad manantial del murmuro de llamas en mi voz, en mi vagina, en esas zarzamoras que mantienen tu olor donde Marte da la vuelta.

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