HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ya no soy la que era, pero lo soy.
En ese lugar donde las tripas se retorcían de queroseno. De crepúsculo robado, arañado de abeja de polvo, de luz oblicua.
De manos niñas con angulas y serpientes.
De desconocimiento pletórico de retórica de rana con tres ojos.

Mantengo sólo el signo. El impulso que lo crea, es más de los lobos que mío. Y si es escasa la huella, el verso llena en la olla, soliloquio del PI, bajo la tercera fuerza del abajo o techo de tejón.

Estoy entre el infinito y la nada.
Cualquier guarida, es una bestia de cuatro patas que me caza. La pared sólo es una proyección material de una hoguera. El suelo ha brotado en el corazón de la inalcanzable águila.
Si piso, sé que despiso.
Si digo sé,  borro. La emanación no cesa.

Voy de tugurio a árbol.
La voz sólo es la que calla todas las palabras.

Adopté chivo expiatorio de mi sombra.
Me lo dio una manzana.
La manzana se la llevó el mar.

No volveré amor a preocuparme por tu muerte, porque ella, te protege de ti y de mí.

En mi agujero del árbol, nací, me reproducí y morí.
No preguntes nunca más por ella. De azotea de dinosaurios, lago enrramado en lágrima de piedra, ella te ama, cuida del abismo por los dos.

Si mantengo esas manos a la sombra de la guitarra, es porque el viento al quebrar las amapolas dijo así. Y viara que no incumplimos, porque alejanada sangula de expuertas airadas. Y así, requeté. No hay nada qué temer. Nos haremos fósil de agua.
Dilatado tu aliento en mi huella, remaremos.

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