HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Abro el corazón hacia la soledad. Esa soledad preñada de lo inefable. Vuelvo desarmada hacia sus profundidades. Sin resistencia, sin coraza, sin deseo que nazca en la jaula del yo. 
Ha habido demasiados bailes sin tierra, interferencias de rayo y gentío. Aunque ella acabó tomando en sus brazos, el amor. Su despedida cuando se trata de tener los ojos abiertos, e intacta la voz.
Quiero aprender a montar a caballo. Galopar. Abrazarlos con todos mis huesos. Amo los caballos. Los temo, los temía, por el mismo motivo. En unos días, sobre ellos, apagaré todos mis temores. Hacerlos frente, es volver a casa. Es de urgencia. Es descubrir qué hay detrás de mí. Y volverlo al aire.
Tengo mucho por hacer. Y ya no será bajo el pellejo de los que van sin oler la sombra. Ni más trampas de naipe. Ni atajos de nitroglicerina. Ni vicio.

3 comentarios:

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  2. Poeticamente precioso, sentimiento de nadar en cálidas aguas oscuras de día, descender al fondo del mar jugando con sombras esquivas, abismo del subconsciente.

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  3. Las casualidades no exsisten, el tiempo juega conmigo a la ruleta rusa.

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