HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ayer encontré un rincón nuevo. Metiéndome debajo de unos árboles, por un agujero de jabalí. Soñé un rato entre sus sombras. Luego escalé unos metros, sujetándome a unas escobas. Y había una especie de cueva... Allí sentí algo extraordinario y a la vez ausente, algo triste, pero con la alegría del agua. Me enrollé allí a la humedad sagrada de la roca.
Al regreso escuché un crujido en el bosque, sentí un orgasmo sacro. Una conexión profunda, una excitación muy distinta. Y vi una especie de ciervo, correr muy rápido monte arriba. Ese ciervo vino a decirme mil libros sin palabras.

1 comentario:

  1. Difícil encontrar estos sentimientos en tiempos modernos, inspiración divina naturaleza.

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